"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

Viajando mar adentro

Clasificado en la/s categoría/s Colaboraciones, Literatura, Terror con fecha 26/02/2007 por Emilio

Los pescadores más viejos de Galicia también dicen que lo han visto. Han visto infinidad de cosas espantosas en altamar. Saben que las aguas profundas esconden horrores desconocidos, cosas que se agitan, mastican y maldicen en el fondo de las llanuras abisales desde tiempos más antiguos que el hombre.
Los pescadores también han visto al Cruciforme.

Dicen que a veces se les aparece en el horizonte, al anochecer, cuando sus barcos navegan a cientos de millas de la costa más cercana.

Él no nada, él flota, viajando en dirección desconocida, boca arriba, como uno de esos cadáveres hinchados de gases que arrastra la corriente… pero no a la deriva, no. Porque el Cruciforme puede surcar los océanos, atravesar las mareas y desafiar a las tormentas sin desviarse un ápice de su rumbo. Puede posarse en el fondo, en aguas negras, a miles de metros de profundidad, donde ya no llega el sol. Y también puede flotar, flotar inmóvil, pero siempre desplazándose a cientos de nudos por hora, tumbado boca arriba; con los brazos en cruz, las piernas muy juntas y el cuerpo tieso como un tablón.

Esa es su forma de moverse, cuando recorre los océanos. Y por eso le llaman el Cruciforme, los viejos pescadores.

Te lo confirmará cualquier lobo de mar. Los que han navegado mucho han visto al Cruciforme, viajando mar adentro.
Y yo. Yo también.

Escuchando:
Tanzwut – Meer

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Reseña

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora con fecha 20/02/2007 por Emilio

Hoy me he levantado con una reseña de Noche Cerrada en el diario Las Provincias, que me ha alineado con Stephen King.

Escuchando:
Econoline Crush – Sparkle and shine

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La maldición de Howard

Clasificado en la/s categoría/s Literatura, Lovecraft, Terror con fecha 15/02/2007 por Emilio

Keep it in the family!Si hay algo más insano que la obra de Howard Phillips Lovecraft es su biografía. Y como una imagen vale más que mil palabras, vamos a empezar echándole un vistazo a la espantosa foto de familia que os anexo ahí al lado.

A la derecha, papá, que murió en un manicomio cuando el pequeño Howard contaba ocho tiernos años. A la izquierda, mamá, que correría idéntica suerte más tarde, falleciendo curiosamente en la misma institución mental en la que lo había hecho su marido (a todo esto, que la abuela también acabó loca… así que, en conjunto, tenemos todo un historial de antecedentes genéticos en la familia, lo cual estuvo atormentando a Lovecraft, que temió durante años que la sombra de la locura que se había cebado en sus antecesores terminara cerniéndose sobre él). La preciosa niñita del centro de la foto es… el pobre Howard, al que su madre estuvo vistiendo y peinando como a una niña durante varios años.

Al parecer la madre del autor más original e innovador que ha conocido la narrativa de terror hasta la fecha era todo un personaje. Siempre quiso tener una niña, y eso es lo que trató de conseguir a costa de su único hijo, hasta que el pequeño Howard explotó. Explotó cuando exigió ropa y porte de varón, pero no lo hizo cuando su madre resolvió machacarle durante toda su vida. Se conoce que la señora volcó en el pobre chaval todas sus frustraciones, llegando a odiarle y a llenarle la cabeza de neuras y racismo, convenciéndolo de que era tan feo que lo mejor que podía hacer con su vida era pasarla recluído en casa, no fuera que su aspecto pudiera asustar al vecindario. Y sobreprotegiéndolo hasta anularlo, mientras se iba volviendo cada vez más loca.

La respuesta del hijo a todo eso fue igual de demencial: Lovecraft siempre adoró a su madre. Se ve que jamás tuvo malas palabras para con la infancia que le hicieron vivir. Y todo pese a que la niñez de Lovecraft ya parece una historia de terror por sí sola. Y peor todavía fue su final.

En los últimos años de su vida, un Lovecraft arruinado y solo vivió lamentándose constantemente de su falta de talento, autoconsiderándose un fracaso absoluto y colgándose a menudo el apelativo de “aficionado”. Cualquier amago de crítica bastaba para deprimirle y hacerle considerar la posibilidad de abandonar la literatura.

El genio de Providence nunca llegó a ver su obra encuadernada y a la venta en las librerías. Todo cuanto pudo llegar a ganar de su ejercicio como literato fueron apenas doscientos cuarenta dólares por El Horror de Dunwich, el único relato del autor que llegó a ser editado profesionalmente, en una revista pulp.

En marzo de 1937 el Providence Journal, tras hacerse eco acerca de cómo Valencia evacua a 72 niños de la guerra a la Unión Soviética, publica su esquela, concediéndole apenas tres líneas donde, eso sí, se le honra como al escritor que fue. El cáncer le envió a una tumba sin nombre. Tenía cuarenta y siete años.

Poe y Guy de Maupassant, dos de los autores que más influyeron en él, murieron locos. Lovecraft, en cambio, vivió una vida entera instalado en la locura y sin saber jamás que su obra iba a ensombrecer a la de sus precursores. Definitivamente, el otro mundo está lleno de almas furiosas.

Escuchando:
Fear Factory – Archetype

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