"Espera veneno del agua estancada.”

                              William Blake

Una mente enferma

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Literatura, Terror con fecha 27/03/2007 por Emilio

La conversación, más o menos, ha sido así:

—Tú eres el de Noche Cerrada —me dice al ver lo que llevo en las manos después de quedarse atascada mirándome a los ojos durante un breve instante—. Te descubrí el otro día, en la entrevista esa que te hicieron para el Diario Metro.
—Sí, vaya. Todo el mundo lee la prensa gratuita, ¿eh? —le respondo yo, poniéndome rojo.

Es que esto es nuevo para mí. Apenas puedo creerme que ahora la peña me reconozca cuando me meto en una librería.

Que lo hagan mis alumnos es normal: ellos ven mi careto por la facultad varias horas por semana, así que resulta lógico que se partan de la risa si un día va y aparece una foto mía en los papeles. Ahora bien, cuando las cosas funcionan al revés y te tropiezas con que la gente que no te conoce de nada te identifica con lo que le ponen en el diario… eso ya es otra cosa. Eso es que, entre los libreros de tu barrio, pero eres famoso, tío. Por algo se empieza a salir del underground. Jo, jo.

—Ya tengo tu novela por ahí —dice haciendo un gesto vago con el dedo índice—, el otro día les vendí una copia a unos chavales. Y hasta he empezado a leérmela. No todos los días le sale un escritor a Castellón.
—Oh, me encanta. Espero que te guste mi libro —le contesto, tratando de escapar de su gran tela de araña.

Evidentemente, ya me he dado cuenta de que estoy en sus estanterías. Desde hace un par de meses que lo primero que busco cuando voy a una librería es mi propia novela. ¿Para qué negarlo? ¡Con lo raro que se me hace ver mi nombre en la cubierta!

—¿Y por qué escribes esas cosas tan horribles?

La pregunta del millón. Ya la hemos jodido.
Dejo en el mostrador de su tienda el libro de Clara Tahoces y mi VISA. No sé si pedirle que me cobre o que me endiñe un guantazo.

—Bueh, alguien tiene que hacerlo, ¿no?
—No, en serio, ¿por qué escribes esas cosas? —me pregunta ella mientras pasa el código de barras de mi compra por el lector— ¿por qué derrochas toda esa capacidad para escribir diálogos naturales y toda esa creatividad tan fresca en algo tan feo como el terror?
—Porque tengo una mente enferma, supongo.
—¿Cómo dices?
—Que si cierro los ojos, tomo aire muy despacio y hurgo en mi interior, eso es lo que sale. Eso y nada más. Que si me planto delante del procesador de textos y abro un documento nuevo lo único que termino poniendo en el papel de la impresora son cosas espantosas. Debe ser que tengo algo podrido dentro del cráneo, oye.

Empiezo a pensar que eso ha sonado realmente mal, o que el tono en el que hablo chirría un poco, porque se está formando cola en frente a la caja, a mis espaldas, y la librería está llena de susurros de repente. Igual hasta resulta que estoy a punto de enfadarme.

Y me cobra y me voy, y poco más. Y espero que venda muchas copias de mi novela, porque cuando termine de leersela lamentará haberla empezado.

Escuchando:
Vast – Pretty when you cry

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