"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

Anda que si Stoker levantara la cabeza…

Clasificado en la/s categoría/s Humor, Literatura, Terror con fecha 26/05/2008 por Emilio

stoker-swan-song.jpgLos Premios Bram Stoker son los galardones por excelencia en el mundo de la narrativa de terror anglosajona, a la derecha os pongo una foto del trofeo, que se las trae.

Pues bien, las casonas estas tan majas las entrega la Horror Writers Association, que viene a ser lo mismo que Nocte, sólo que en España los que estamos en esto somos cuatro arrastrados, por si no se ha notado todavía.

El caso es que los Stoker, simplificando, son los premios que los autores de terror yanquis se suelen entregar entre ellos año tras año, por lo que el resultado es bastante irregular. Hay votaciones y votaciones, lo mismo que hay años y años. Luego tenemos el consabido entramado de relaciones sociales que existe entre los personajes del mundete, que prima lo que prima… Conque la cosa degenera en un concurso de popularidad cada dos por tres y terminas preguntándote si no será que ganar un Premio Stoker es lo mismo que ganar en Eurovisión: cuestión de patinaje.

Vamos, que suele suceder con los Stoker algo muy parecido a lo que pasa con los Ignotus. Sí, los Ignotus, esos premios que no se sabe porqué, pero todavía no han ido a parar a manos de Laura Gallego, José Carlos Somoza y otros de los autores del cotarro local que están teniendo un éxito apabullante mientras la AEFCFT mira hacia otro lado. ¿La gente del rollo está votando por lo mejor del año, por lo que conoce o sólo por lo que firman sus amigos?

Así las cosas, yo ya doy bien poco por los Stoker y al próximo que me pongan por delante le pienso endosar un Chikilicuatre.

En concreto, estos son mis motivos, año tras año, si me pongo a hacer una relación cronológica de cómo ha ido el premio de marras (NOTA: Cito los títulos haciendo referencia a sus traducciones al castellano, y no hago mención de los finalistas que, desde donde yo veo todo esto, han pasado desapercibidos… o tal vez deberían de haberlo hecho).

1987 “Misery” (Plaza & Janés, 1992), de Stephen King. Íbamos bien. Nada que añadir, nada que objetar. No se me acostumbren.

1988 “El Silencio de los corderos” (Ultramar Editores, 1992), de Thomas Harris. ¿Soy yo, que no me cosco, o la adaptación al cine barre el suelo con la novela?
Destaca especialmente Anne Rice entre los finalistas, con “La reina de los condenados” (Timun Mas, 1994), si es que en los ochenta las historias de vampiros todavía no habían empezado a oler a rancio.

1989 “Los vampiros de la mente” (Serie Ediciones B, 1992), de Dan Simmons. Con ese título que le han puesto a la traducción al castellano comprenderéis que no me lo haya leído: parece que sea una película de terror setentera, pulp, y de bajo presupuesto; y lo cierto es que el argumento está a la altura. No sé si vale la pena darle una oportunidad a este libro, sobre todo cuando Martínez Roca acaba de traducir el último trabajo de Simmons y todo el mundo me habla bien de él.
Finalista queda Dean Koontz, con “Medianoche” (Plaza & Janés, 2000), porque a algunos les gusta Koontz, mire usted.

1990 “Mary Terror” (Ediciones B, 2007), de Robert McCammon.
Como veis, este nos lo acaban de traducir al castellano, maldita sea mil veces la industria editorial española, aunque más vale diecisiete años tarde que nunca.
Todavía no sé de nadie que se lo haya leído. ¿Voluntarios?

1991 Stephen King se nos planta, menudo cachondeo, en la final del 91 con dos novelas a la vez. Termina por convertirse en el primer finalista por duplicado de la historia de la literatura. Alucinante. Thomas M. Disch queda finalista también, con “Doctor en Medicina” (Ediciones B, 1992).
El resto del fallo del jurado también suena chungo: gana otra vez McCammon, con “Muerte al Alba” (Ediciones B, 1993); y, tras la cena de gala, todos a casa a ver la tele.

1992 “La sangre del cordero” (Mr. Ediciones, 1993), de Thomas Monteleone. Este lo acaba de reeditar el sello más aguerrido del panorama local, ya sabes, La Factoría de Ideas. El título en cuestión fue elegido libro destacado del año por el New York Times, por lo que la cosa pinta bien… Lo que pasa es que el argumento me parece de lo más disparatado, así que paso. No le he concedido ni una oportunidad. Si alguien piensa que me estoy equivocando en eso, que me lo diga ahora o calle para siempre.

1993 “La Garganta” (Plaza & Janés, 1993), de Peter Straub. Este no lo he leído porque todavía no he podido comprarlo, y eso me jode, porque Straub me gusta desde que cumplí los trece años y leí “Fantasmas” (Ediciones Forum, 1984). “La Garganta” parece estar descatalogado, no obstante, yo sigo buscándolo. Cualquier día de estos me lo pillo, aunque sea en eBay.

1994 “El Mar de la Muerte” (La Factoría de Ideas, 2004), de Nancy Holder.
Holder deja como finalista a Stephen King que aspiraba al título con “Insomnia” (Grijalbo, 1995), aunque algunos dirán que la mejor novela del 94 es “El Alienista” (Ediciones B, 1995), por Caleb Carr, de gran éxito en la lengua de Cervantes. Yo me quedo con Holder, caiga quien caiga, empezando por todos vosotros.

1995 “Zombi” (Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2003), de Joyce Carol Oates. A mí no me gusta la carne podrida, por lo que no he leído este. ¿Alguien sabe si me he perdido algo?

1996 “La Milla Verde” (Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2001), de Stephen King, apea del certamen a Poppy Z. Brite y a Peter Straub. Era lo correcto, creo yo.

1997 “Hijos del crepúsculo” (La Factoría de Ideas, 2005). Una novela de terror construida sobre el holocausto nazi, toma ya, esto es para que luego me acusen de trivializar con la guerra civil. Me lo compré y todavía no lo he abierto. Soy lo peor. A ver si me pongo al día con él.
Finalista queda “My Soul to Keep” (inédito en castellano), de Tananarive Due, a ver si alguien os lo traduce, que mola.

1998 “Un saco de huesos” (Plaza & Janés, 1998), a mi entender, uno de los peores títulos que ha firmado Stephen King. No he leído a ninguno de los finalistas del 98, pero me apuesto un pulmón a que me gustarían mucho más.

1999 “Mr. X” (Planeta, 2001), por Peter Straub. Cuando Planeta reedita un premio Stoker es que hay gato encerrado. Que alguien me explique, por favor, qué es lo que pasa con este libro, que yo por el momento no pienso acercarme a él.
Finalista queda Piccirilli con una novela inédita en castellano que le acabo de pedir a Amazon. Ya os contaré.

2000 El premio se lo dan a Richard Laymon por una de vampiros que, gracias al infierno, parece que sigue inédita en castellano. Y espero que continúe siendo así, porque creo recordar que no pude leérmela ni subiéndomela a un avión transoceánico por segunda vez.
Finalista queda Ramsey Campbell con “Silencio” (La Factoría de Ideas, 2002), que es una de sus novelas más aburridas. Ya podían haber dejado desierto el premio del 2000. Digo.

2001 “American Gods” (Norma Editorial, 2003), de Neil Gaiman. Este tampoco he podido terminarlo, es demasiado lento para mi gusto, y lo cierto es que no lo veo nada terrorífico, la verdad.
Entre los finalistas del 2001 tenemos todo un repertorio de pesos pesados: Ray Bradbury (¡!), Jack Ketchum, Stephen King y Jack Straub. Así que… qué coño, exijo saber qué demonios hace el peor Gaiman de ganador en un año bueno para el género.

2002 “Clase Nocturna” (La Factoría de Ideas, 2004), por Tom Piccirilli. Este libro es, en mi opinión, una mierda pinchada en un palo, y no pienso decir nada más sobre él. Si te interesa Piccirilli, prueba con “Un coro de niños enfermos” (La Factoría de Ideas, 2005), que es el finalista al Stoker del 2003 y todo un bombazo.
Por lo demás, entre los finalistas del 2002 destaca “La hora antes de la oscuridad” (Minotauro, 2004), que estoy seguro de que habría ganado el premio de no ser una ghost story tan predecible y calmada.

2003-2004 ¡Estos dos años son idénticos!
Es el colmo de los colmos: gana dos Stokers seguidos el incombustible Peter Straub con sendas novelas de reemplazo y King queda finalista con dos sucesivas entregas de su Torre Oscura. Circulen, damas y caballeros, aquí no hay nada que ver.
Para más inri, el único finalista con voz propia será Stewart O’Nan, con su “Noche de difuntos” (La Factoría de Ideas, 2008), la novela de terror más amarga que se haya visto jamás, que empieza de puta madre y luego termina hastiando. En fin.

2005 “Allanadores” (La Factoría de Ideas, 2007), por David Morell. Este me gusta personalmente porque soy un pequeño allanador: me enamoré de la infiltración hace dos lustros y todavía hago espeleología urbana de cuando en cuando. Mis buenas multas me acabará costando.
De modo que no voy a decir nada, no sería muy objetivo, supongo.

2006 “La historia de Lisey” (Plaza & Janés, 2007), de Stephen King.
Yo tengo ese libro y creo que eso es de lo mejor que os puedo decir de él, pero no por mucho tiempo: al primero de vosotros que me lo pida, se lo regalo. Estoy hablando en serio. Os lo regalo, se lo envío a portes debidos al primero que me haga llegar una dirección postal válida. ¿Quién lo quiere? ¡Quitádmelo de encima!
Tic tac tic tac…

Escuchando:
Wednesday 13 – God is a lie

Youtube Icon

Sin techo

Clasificado en la/s categoría/s Humor, Literatura, Pulp con fecha 29/04/2008 por Emilio

biblio.jpg

A la izquierda de la foto, obra de Jesús Vidal, se ve la biblioteca de mi barrio. Me trae buenos recuerdos, porque yo me crié en ella, se podría decir.

Ya sabes. Hay niños que son criados por la televisión, niños que van madurando en la calle a base de patear sus balones, niños que se desarrollan mientras matan marcianos en los recreativos de la esquina y niños que no sabrías decir dónde demonios consiguieron su educación. La educación es algo que se nos ha ido devaluando, lo mismo que la imagen pública de las bibliotecas. En Canadá dicen que las bibliotecas públicas son sólo los “sitios donde los sin techo van para asearse y disfrutar de la calefacción”. En la novela de Ajvide Lindqvist dicen que la biblioteca de la ciudad de Estocolmo es poco más que el local en cuyos lavabos se han reunido desde siempre los pervertidos en busca de ligue. Y en Castellón la biblioteca municipal me vio crecer a mí.

Recuerdo que salía del colegio y me metía en la sala de lectura infantil hasta que la cerraban. Me pasaba la tarde entera allí con tal de no parar en casa. Supongo que mis padres me lo consentían porque por aquel entonces papá estaba jodidamente enfermo y mamá cuidaba a la abuela o criaba a mi hermano, de pocos meses. El ambiente familiar me parecía tan triste que, como los sin techo, me tuve que meter en algún sitio. Y tuve la suerte de ir a dar con mis -doscientos- huesos en la biblioteca.

Lo que pasa es que a mí los lavabos y la calefacción tampoco me parecían tan importantes, porque yo era otra clase de pordiosero. Yo no quería guarecerme del frío ni quería cagar. Yo lo que quería era desaparecer, y lo cierto es que había venido al sitio adecuado para hacerlo. Al fin y al cabo, leer es desaparecer.

Recuerdo que al principio leía tebeos tontunos. Algo había que hacer para pasar el tiempo y en aquel momento lo cierto es que yo tampoco daba para más. Entonces me cogió por banda una funcionaria aburrida, y descubrí que la única cosa que puede resultarle más peligrosa al ciudadano medio que un semáforo en azul es una funcionaria aburrida: llegó aquella señora con su papada de dos metros y me encasquetó una edición ilustrada de “Jim Boton y Lucas, el maquinista”. Y ahí es cuando la jodimos. De Michael Ende pasé a Road Dahl, luego a Edgar Allan Poe y de “La narración de Arthur Gordon Pym” fui directamente a la cárcel de la literatura sin pasar por la casilla de salida, arrancando en segunda. Me saqué el carné y empecé a llevarme libros, a llevármelos a casa primero y a clase después.

A clase, sí. Porque un día amanecí harto de la vida escolar y me planté a las nueve de la mañana en la sala de lectura para adultos, dispuesto a hacer pellas por culpa de Ursula K. Le Guin; pero aquella señora de la papada de dos metros no quiso ni oír hablar de tenerme todo el puto día suelto por el edificio y optó por enviarme de una patada al colegio, también directamente, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar -¡eh!- los 20.000 dólares canadienses.

monofig3.jpgEso sí, los libros me los prestó. Me los llevé al colegio y me los despaché entre el recreo, el comedor y las clases, descubriendo en el proceso que los chavales que leen se vuelven invisibles y que leer es algo que puedes hacer en casi cualquier sitio. A las cinco de la tarde volví a plantarme frente a la mesa de la señora de la papada de dos metros para devolverle los libros que me había prestado ocho horas antes, y no me creyó cuando le dije que ya los había leído.

Tendría que haber visto mis notas, por aquella época.

Para cuando terminé primaria ya me conocían todos los funcionarios que trabajaban en el edificio. Algunos hasta me saludaban del susto, si me veían pedaleando junto a la playa de Benicàssim, en verano, cuando el complejo cerraba sus instalaciones. La mayoría de aquellos trabajadores todavía me reconocen hoy, y eso que han pasado dos décadas desde mis tiempos de colegial. Me consta que uno de ellos nos está leyendo justo ahora. Hola, Pau.

Tras aquellos años de escolarización básica llegaron mis días de bachiller y empezaron a crecerme las greñas, la barba y las malas pulgas, pero la biblioteca no cambió de sitio, sino de función: en 1990 pasó a ser el sitio a donde iba yo a fumar a sabiendas de que nadie me iba a pillar, salvo la señora de la papada de dos metros, que ya estaba hasta el coño de ir de madre conmigo. En aquella época me estuvo recetando a Bukowski y a Carver, hasta que empecé a traerme los libros de fuera. Comencé a aterrizar por allí llevando tochos de apuntes y de manuales en inglés, y así fue como me hice ingeniero.

Y a eso me refiero cuando digo que me crié en ese edificio. Como diría Stephen King si fuera un sin techo canadiense: the books made the place and the place made me.

Dejé de ir por la biblioteca en cuanto los libros que decidí leer ya no los querían ni ver en desiderata. Primero, sin techo que soy, busqué refugio en la biblioteca del campus y luego, tras casarme, me monté una biblioteca en mi propia casa.

Porque tu casa es donde están tus libros.
O eso dicen.

¿Y a qué viene todo esto?

A que estoy muy en contra del préstamo de pago en las bibliotecas públicas.

Me opongo firmemente a la directiva 2006/115/CE, que grava el préstamo de libros a las bibliotecas públicas imponiendo un canon por esta actividad. La medida introducida a través de la Ley 10/2007 de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas dificultará severamente el acceso de todos los ciudadanos a la literatura, a la cultura y a la información. Ése es el sentido que le reconocen instituciones como la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias) y la UNESCO.

Bukowski dijo, en uno de sus mejores poemas, que se salvó de ser un mal tipo gracias a la Biblioteca Pública de Los Ángeles. Yo no tengo ni un ápice de su genio, pero lo cierto es que sí que he tenido la misma suerte que él. Y apuesto a que no soy un caso tan raro.

También apuesto a que el sistema pronto dejará de producir individuos como yo. Estoy seguro de que dentro de pocos años ya no quedarán bibliotecas verdaderamente públicas. De que pronto quedará privatizado el acceso a la cultura, censurado por la barrera del precio.

Entonces llegará la hora de los malos tipos.
O la de Internet. ¿Quién sabe?

Escuchando:
Sub Dub Micromachine – Road to nowhere

Youtube Icon

Por un gobierno más profundo

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Humor, Lovecraft con fecha 03/03/2008 por Emilio

new-3.jpgHoy es el segundo asalto (a mano armada) del debate televisivo entre los dos candidatos a la presidencia con los que nos ha premiado nuestra propia estupidez. Algunos no se han enterado todavía, pese a que nos lo endiñan de nuevo a las diez y en La Primera; otros, preferiríamos ni saberlo, visto que para apuntalar cada intervención se terminan siempre sacando estadísticas trucadas con gráficos de color rojo y azul impresos en sendas láminas plastificadas en las que se habla precisamente de lo mismo pero sacando siempre conclusiones contrapuestas.

Yo no pienso volver a agobiarme con el asunto, que hoy ando contento como unas castañuelas porque Care Santos me ha reseñado a bien para El Cultural: ahora ya me pueden pegar un tiro. En serio.
Así que a la hora de cenar supongo que estaré arreándome uno de mis mejores guisos para celebrarlo mientras veo algún capítulo viejo de “Padre de Familia” en DivX.

De modo que os voy a exigir a todos que votéis Cthulhu. Por un gobierno más profundo.

Se sienten, coño.

Escuchando:
Dope – I wish I was The President

Youtube Icon

Dos Minutos de Odio

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Cine, Humor, Literatura, Terror con fecha 15/02/2008 por Emilio

Sigo vivo.
No me he caído a ningún pozo y no, no he vendido el blog, ni nada parecido. Es sólo que ando enfrascado en el proceso de revisión de mi próximo trabajo y, visto el percal, me temo que la cosa puede dilatarse unos cuántos meses. Unos cuántos meses en los que andaré algo menos conectado que de costumbre, aunque, bueh… Ya iremos viendo cómo evoluciona lo mío. Me gustaría comenzar una segunda etapa de mi periplo en la blogocosa en cuanto salga del atolladero y todo eso.

Por el momento, digamos que me he conectado para escribir esta nota cagándome en todo antes de irme a almorzar. Oh, sí, hoy toca descargar los Dos Minutos de Odio de febrero del 2008 en vivo y en directo, así que allá voy.

Minuto uno. El premio Nadal de este año. Esto ya es la hostia. Y conste que yo nunca me he presentado a un premio de los grandes y que no suelo interesarme mucho por los libros de Ediciones Destino, baste ver lo que he tardado en enterarme del fallo del jurado. El caso es que el mes pasado le dieron el galardón a una novela que lleva por título “Lo que sé de los vampiros” y, mira tú por dónde, que lo primero que tuvo el jurado a bien de destacar fue que la obra premiada “no se trata de una novela de género”. Toma ya.

¿No había nada mejor que reseñar tras el fallo? ¿No podían empezar cascando algo acerca del argumento o la técnica del ganador? Nah, pasando, hay que dejar muy claro y rapidito que esto no es el Minotauro, no sea que la gente se piense que este año le hemos endiñado el Nadal a un autor de narrativa de terror y nos vayamos todos a la quiebra. Que aquí hay nivel oigan, que ya comentamos cuatro cosas acerca de la trama y los personajes tres líneas más adelante del comunicado; al fin y a la postre, eso es algo secundario. Lo primero es despejar cualquier nubarrón que pueda dificultarnos el posicionamiento del producto. Vamos, que un premio Nadal se empieza levantándolo sobre los apestados, así que no: no es una novela de miedo, pónganmelo en negrita todos los redactores del país, y el que diga lo contrario es un miserable.

Minuto dos. China. Me cago en China. En toda ella, maldita sea, empezando por Mongolia, pasando por la provincia de Guangdong y acabando por el Tíbet. ¿Pues no me acaban de prohibir las películas de terror por considerarlas vulgares y subversivas contra el Partido Comunista? Y, para colmo, resulta que la medida incluye la prohibición de rodar cine de género en todo el territorio chino así como la orden de destruir todo el material audiovisual existente.

¿Destruir?

Tianasquare.jpg Van a ponerse a quemar todas las adaptaciones al cine de los libros de Stephen King, vale. Supongo que eso sólo habría que lamentarlo un poquito (y gracias a Kubrick), pero… ¿Destruir todo lo demás? ¿Qué es esto?

Ya puestos a eliminar todo rastro del terror audiovisual, ¿por qué no prohíben también la música de El Fary y montan una tractorada con sus tanques soviéticos para apisonar los CDs de Ramoncín en medio de la plaza de Tiananmen? ¿Qué tal si sobrevuelan con los Mig-21 un concierto de Las Ketchup hasta sepultarlas en gas mostaza?

Va y resulta que ahora el cine de terror es ilegal en la República Popular China. Toma dictadura (¡esto es para que luego me llaméis rojo!). No tienen nada mejor que hacer que ponerse a destruir películas de miedo y misterio a espuertas. Pues nada, oye. Ahí van mis dos minutos de odio contra ellos. Y, puestos a hacer el imbécil y a pagarlo con uno que pasaba, os anuncio desde ya que no pienso volver a atizarme un arroz tres delicias hasta que no deroguen esa ley. A la mierda.

Escuchando:
Corrosion of Conformity – Vote with a Bullet

Youtube Icon