"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

Hacia Tartessos

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora con fecha 30/01/2007 por Emilio

El siempre impecable Alfonso Merelo reseñó mi novela el sábado pasado, haciéndome una crítica estupenda.
Estas cosas le levantan la moral a uno. Sobre todo si tenemos en cuenta el tratamiento que han tenido en su blog gente como Elia Barceló o Jose Carlos Somoza.

En fin, como mola.

Escuchando:
Filter – Hey Man, Nice Shot

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Cuidado con la rata

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora con fecha 29/01/2007 por Emilio

Muchos me preguntan si las ratas que salen en mi novela existen de verdad. Y eso es porque no le han preguntado antes a la Wikipedia. El cricetomo de Gambia es la rata más grande del mundo. Y una mascota de moda que, generalmente, es de importación ilegal.

De importación ilegal porque a poco que te descuides, un bicho de semejante talla se basta por si sólo para convertirse en toda una plaga. Se teme que puedan arrasar con Florida cualquier día de estos. Y cuando eso suceda no será la primera vez que el cricetomo de Gambia toma posiciones fuera de África. Así que no resulta nada descabellado situar una colonia de ratas gigantes de estas en el levante de la península, pongamos.
Lo más alucinante de todo esto es que estamos hablando de una especie animal habitualmente presente en la gastronomía africana. Oh, y por no mencionar que los belgas emplean al cricetomo gambiano para detonar minas antipersonal.

Yo, sin ir más lejos, tuve por mascota a una rata de más de medio kilo no hace mucho. Las venden por Internet, si buscas.
Ahora tengo un gato. No es tan original, pero al menos es más diurno.

Escuchando:
Prick – Animal

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Esta noche veo la tele

Clasificado en la/s categoría/s Cine, Terror con fecha 19/01/2007 por Emilio

Toda una generación vio cómo se popularizaba definitivamente el terror en esta España tan poco dada a disfrutar del miedo gracias a Narciso Ibáñez Serrador. Historias para no dormir fue una hornada de películas que arrasaron en la parrilla de la televisión de mi país durante veinte años, arramblando con más de cincuenta galardones y dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de individuos como yo que, estando en lo más tierno de su infancia, descubrieron qué era lo que se sentía si se seguía mirando la televisión después de que salieran aquellos dos enigmáticos rombos. Lo del sexo ya vendría después, claro, las cosas por orden.

Dos rombos cuyo cometido era largar a los churumbeles bien lejos y traer a los bellacos bien cerca. Definitivamente, no había sitio para mí… Hasta que un día, algo salió mal, y tuve mi bautismo de fuego en materia de emociones fuertes. Hablo del primer día en que mis padres dijeron “vale, quédate a ver la película, pero cuando empiece a entrarte miedo te vas a la cama”. Y así se hizo, palabrita del niño Belcebú, hasta que yo me cagué patas arriba. Porque aguanté hora y media sufriendo, como un campeón; pero de meterme en el sobre, nada de nada. Nanai de la China. Nasty the plastic.

Tal vez la vena del terror me venga de aquel trauma infantil. Algunos así lo creen. Mi hermana, por ejemplo, que había apostado a que mi menda lerenda se iría directa al catre a la primera de cambio y tuvo que batirse en retirada antes que yo sin darse cuenta, hasta hoy, de que había creado un monstruo conmigo.

Y aquí estoy yo ahora. Dadme una pala. Y dadme el mando a distancia, que esta misma noche, a las 22:45 en TeleCirco nos ponen Películas para no dormir, la nueva generación del tema. Concretamente, hoy le toca a Jaume Balagueró, con un largometraje que lleva por nombre “Para entrar a vivir“.

No sé cómo estará lo que se estrena hoy, pero me encantó su anterior película. Igual que me gustó la de Alex de la Iglesia y que emitieron la semana pasada, “La habitación del niño“. A mí es que me pueden estos largos de miedo de bajo presupuesto y alto nivel de talento. Tal vez sea que soy un freakie, o tal vez que soy un nostálgico, pero me apuesto los pulmones a que paso miedo. Y a que aguanto hora y media, como un campeón.

Escuchando:
Marilyn Manson – Astonishing Panorama of the Endtimes

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Somos miedo

Clasificado en la/s categoría/s Cine, Literatura, Pulp, Terror con fecha 16/01/2007 por Emilio
Libros míos

La industria editorial, la crítica y la opinión general tiende a ningunear a la literatura de género. Es algo habitual, históricamente aceptado y que a menudo se hace extensivo a la ciencia ficción y a la narrativa fantástica, si bien es cierto que lo más vituperado de todo es la novela de terror.

Y lo mismo pasa en el cine.
Pregúntate por qué.

Si eso, ya te avanzo yo algo: tradicionalmente, la literatura de género se comercializaba en un formato de bajo coste en el que autores de escaso talento escribían sin mucho afán, cobrando a tanto la página y para un público adolescente, y por lo tanto, iletrado. El homólogo del problema en el mundo del celuloide son las películas de Serie B, también pioneras del cine de género.
Ese, el de Weird Tales, es el estigma que todavía hoy persigue a los de mi gremio. Se nos toma por patanes de aquellos que escribían bodrios acerca de murciélagos mutantes que se apareaban con hombres lobo para engendrar hordas de arañas gigantes cuyos planes inmediatos consistían en convertir Manhattan en una ciénaga de vómitos y pus.

Lo mas frustrante de todo esto es que las cosas han ido evolucionando y, a día de hoy, la narrativa de género está situándose en un punto diametralmente opuesto al que acabo de exponer: Tolkien es el autor del best-seller más vendido del siglo XX y Stephen King es el escritor más popular del mundo en estos momentos y desde hace ya más de una década. King también es el autor que mas pasta ha hecho en este oficio, pero eso es gracias al cine. Aunque, bueh, tal vez J.K. Rowling le haya desplazado pronto, gracias a, mira tú por dónde, Harry Potter. Otro exponente del género fantástico.

Y aquí estamos los desheredados, dominando el panorama a efectos prácticos, algunas veces casi copando la demanda, pese a que la crítica nos machaca y nos destroza cada vez que se molesta en despacharnos, sea sobre el papel o sobre el celuloide. Yo todavía no he vendido ni un libro (no estaré en las librerías hasta dentro de un par de semanas), pero estoy convencido de que pronto vendrá algún figura a ponerme verde… Adelante conmigo, pues, que soy una presa fácil. Los críticos es que somos como la muerte, una mierda que, tarde o temprano, pero siempre te llega. Inexorablemente.

Lo que me gustaría es que la próxima vez que alguien se plantee descargar sus prejuicios y su mala uva sobre la narrativa de terror se pregunte qué es exactamente lo que se dispone a destrozar. La literatura de horror gótico y la de terror moderno no son ni más ni menos que una forma de arte cuyo objeto principal es producir miedo. Y el miedo es la forma de organización más sencilla del cerebro de los seres vivos, la emoción más profunda, animal y poderosa que puedes experimentar, muy por encima del sexo (hay animales que se reproducen sin sexo, pero ninguno puede sobrevivir sin el miedo), porque el miedo es el recurso más inmediato de tu instinto de conservación y, por ende, la emoción de la que depende tu vida… y la única que puede matarte por si sola. El miedo también es la base de todo sistema político y, junto con la culpabilidad, el pilar fundamental de todas las religiones.

Somos miedo, poco más y poco menos. Trabajar con algo tan intenso y tan potente como eso no es algo que pueda acometer cualquier autor y debería estar reservado para los más audaces. Escribir una novela de terror es algo durísimo, un auténtico órdago literario, una apuesta muy comprometida en la que te lo juegas todo a ver si eres capaz de provocarle al lector una suerte de emociones que jamás experimentará en la vida real. Y buena prueba de ello es que si no produces miedo producirás risa.

Pregúntate por qué.

O sea, que desde donde yo veo todo esto, los míos son los mejores. Así de claro. Quien no lo vea es porque no quiere, o porque nos tiene miedo. O tal vez porque no sabe lo que se siente cuando tratas de conjurar estímulos emocionales insólitos, intensos, e imposibles en la vida real mientras el resto de escritores se limita a contarle a su procesador de textos cosas que bien podrían estar pasándote a tí, que también tienes una vida, pero que nunca verás un fantasma, porque los fantasmas no existen… pero el miedo que producen es absolutamente real.

Escuchando:
Rob Zombie – Dragula

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