Show me the money, honey
Clasificado en la/s categoría/s Literatura, Lovecraft con fecha 08/01/2008 por Emilio
Lovecraft no consiguió encontrar ni un empleo decente durante el tiempo en que vivió en Nueva York, lo cual hundió definitivamente su autoestima y le obligó a hacer dos de las cosas más impresionantes de su vida: en primer lugar, escribir “El Horror de Red Hook“; y en segundo lugar, vender los muebles para poder comer mientras tanto.
Murió en la miseria, sí, pero hoy en día es una eficiente máquina de hacer dinero hasta en nuestro país. La recopilación de Rafael Llopis “Los Mitos de Cthulhu” se convirtió en un éxito de ventas ya en la España de los sesenta, popularizando la obra de Lovecraft en lengua castellana. Desde entonces que el éxito comercial ha acompañado siempre al genio de Providence. Sin ir más lejos, en el “Top ventas” de la tienda de Cyberdark del mes pasado, podemos ver cómo Valdemar ha conseguido colocar en el puesto número ocho (por encima de libros de Moorcock o R.R. Martin) el segundo volumen en tapa dura de la narrativa completa de Lovecraft.
Y no hablo de un fenómeno que se esté dando sólo en esta tierra, qué va. Editoriales de todo el mundo reeditan a Lovecraft una y otra vez, hasta hartarse. Reciclan los mismos relatos y, la cosa tiene cojones, se siguen vendiendo y vendiendo pese al paso de las décadas.
La pregunta es, ¿quién se ha estado llevando toda esa molla?
Respuesta corta: no se sabe. No está claro. ¿Yoko Ono? ¿Courtney Love?
Y vaya por delante que no es que a mí me importen mucho los billetes, que ya empiezo a creer que las perras y las letras están peor conectadas que el culo y las témporas, pero lo que he venido a despachar hoy sí que me lo pregunto a veces. Me lo pregunto yo y se lo pregunta medio mundete, Stephen King incluído. Porque no resulta fácil seguir el rastro del dinero que mueve la obra de Howard Phillips Lovecraft tras su muerte.
Para empezar, su testamento (y otros de los textos que dejó, como “Instructions in Case of Decease”, 1936), ya perfila un legado muy turbio, visto que nombró heredera de sus exiguos bienes materiales a su tía, Annie Gamwell, y “albacea literario”, un cargo carente de valor jurídico, a Robert Hayward Barlow, que fue rápidamente apartado de sus funciones por August Derleth y Donald Wandrei. Según parece, Derleth adujo supuestos derechos otorgados a su persona por el propio Lovecraft en su correspondencia, consiguiendo convencer a Annie Gamwell para que les cediera los poderes de explotación y a Clark Ashton Smith para que intercediera por ellos frente a Barlow… Total, que a partir de la muerte del autor en 1937 y hasta la propia muerte de Derleth en 1971, este capitalizó toda la obra de Howard Phillips a través de su editorial, Arkham House.
La gracia viene durante los años cincuenta, cuando alguien en Arkham House se olvida de renovar los derechos de autor correctamente. Eso y que muchos de los relatos de Lovecraft fueron publicados sin notificación de copyright (el fandom es lo que tiene), pudo haber hecho que la editorial se quedara con las manos vacías… No obstante, muere Derleth y el sello que fundó emite un comunicado en el que se dice esto de aquí:
I wish to advise that anyone who uses H.P. Lovecraft literary material does so at his own risk and peril. These literary rights now reside in the Derleth Estate and we naturally will protect them to the fullest extent possible.
Lo cual viene a ser el equivalente a lo que en mi pueblo llamamos amenaza de abogados. Parece que lo haya firmado la SGAE.
En la actualidad resulta que la obra completa original de Lovecraft ya pertenece al dominio público, de modo que su trabajo puede ser editado por cualquier editorial que lo considere oportuno. Esto no incluye los textos en castellano u otros idiomas, cuyas traducciones quedan bajo el copyright de sus respectivos traductores ateniéndose a las leyes específicas de cada país.
No obstante, parece que está bastante claro que alguien (tal vez April Derleth, como apuntan por ahí) en algún sitio ha ganado millones y millones de dólares a costa del trabajo del pobre Lovecraft. Y digo pobre no sólo por lo económico, sino porque Lovecraft, para colmo, veía hasta con malos ojos la figura del escritor profesional y mercenario. Él siempre se consideró un caballero, pobre.
Una de fotos
Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Fotos, Saraos con fecha 02/01/2008 por EmilioVoy a empezar el 2008 poniéndome al día con unas cuantas cosas que tengo pendientes: ya hace varias semanas que os prometí que colgaría las fotos que hice durante el Encuentro de Cine y Literatura de Terror de Huesca y en la HispaCon.
Así que aquí estoy, con tres docenas de fotos. Las de Sevilla por aquí y en este otro enlace las de Huesca.
De nada.
Feliz año.


