"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

No pueden entrar en tu casa si tú no les invitas

Clasificado en la/s categoría/s Literatura, Terror con fecha 29/02/2008 por Emilio

Lo admito sin ambages y desde siempre: detesto las novelas de vampiros. A mi entender, la figura del chupasangre es la más vetusta y manida de todas las que tiene en su haber la narrativa de terror, sea de corte clásico o contemporáneo. Vamos, que soy de los que creen que los únicos autores que han podido sacarle jugo a un monstruo tan obsoleto y exhausto como ese son, tras Stoker, Matheson y King. Poco más.

Así las cosas, ya llevo tiempo diciendo que hay que ir abandonando definitivamente la línea literaria en la que parece insistir la industria editorial, consistente en publicar dos o tres bodrios renegridos al año, con los que algún advenedizo del cotarro trata -sabiendo de antemano que no va a conseguirlo ni de coña- de hacer algún remake decente, ya sea trasnochado o puesto al día, del Conde Drácula y compañía. Me pone del hígado, qué le vamos a hacer. No le veo futuro alguno y tampoco lo veo digno del pasado que tiene el género vampírico a sus espaldas.

Pero es lo que hay.

Let_the_right_one_in.jpgEntonces va y aparece la bomba que os traigo hoy, “Déjame entrar” (Espasa, 2008), un libro de reciente aparición en castellano, y que tuve la suerte de poder catar, en su versión anglosajona (“Let the Right One In”), hace poco más de un mes.

Se trata de una novela firmada por el sueco John Ajvide Lindqvist, que cuenta en su haber con un apabullante éxito internacional (ha arrasado en Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, Alemania, Italia, Polonia, Australia y todos los países nórdicos), y un marcado y delicioso acento juvenil, gracias a un inolvidable protagonista. Oskar, taciturno, difícil, víctima del bullying, la obesidad y la neurosis preadolescente.

Oskar tropezará con Eli, una niña que acaba de llegar a Norrköping-Blackeberg (el pueblo que hará las veces de escenario, un rincón sin iglesia del siempre glacial Estocolmo) y que nunca tiene frío. De la amistad que surge entre ambos arranca una potente y original historia de vampiros, europea al cien por cien y que aporta el ambiente de un serial thriller, la prosa de alta velocidad de un excelente page-turner y otras cosas que me callo que prometen hacer de este libro la máquina de asustar que muchos estaban esperando y que yo ya creía que no volvería a ver.

Así que os lo voy a recomendar. Reconozco que no lo he terminado, que apenas pude leerme centenar y medio de sus páginas traducidas al inglés, tras lo cual alguien me hizo llegar un avance editorial del homólogo al castellano (traducido con mucho oficio y buen criterio), y ahí decidí esperar al día de lanzamiento para rematar este peso pesado antes de que las carteleras nos los traigan doblado al castellano.

Porque el éxito de esta novela es fulgurante del todo: de la nada a la adaptación al cine en muy pocos meses. El trailer, en vikingo, sutil y acojonante, aquí.

Supreme Vampiric Evil:
Cradle Of Filth – Nymphetamine

Youtube Icon

Dos Minutos de Odio

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Cine, Humor, Literatura, Terror con fecha 15/02/2008 por Emilio

Sigo vivo.
No me he caído a ningún pozo y no, no he vendido el blog, ni nada parecido. Es sólo que ando enfrascado en el proceso de revisión de mi próximo trabajo y, visto el percal, me temo que la cosa puede dilatarse unos cuántos meses. Unos cuántos meses en los que andaré algo menos conectado que de costumbre, aunque, bueh… Ya iremos viendo cómo evoluciona lo mío. Me gustaría comenzar una segunda etapa de mi periplo en la blogocosa en cuanto salga del atolladero y todo eso.

Por el momento, digamos que me he conectado para escribir esta nota cagándome en todo antes de irme a almorzar. Oh, sí, hoy toca descargar los Dos Minutos de Odio de febrero del 2008 en vivo y en directo, así que allá voy.

Minuto uno. El premio Nadal de este año. Esto ya es la hostia. Y conste que yo nunca me he presentado a un premio de los grandes y que no suelo interesarme mucho por los libros de Ediciones Destino, baste ver lo que he tardado en enterarme del fallo del jurado. El caso es que el mes pasado le dieron el galardón a una novela que lleva por título “Lo que sé de los vampiros” y, mira tú por dónde, que lo primero que tuvo el jurado a bien de destacar fue que la obra premiada “no se trata de una novela de género”. Toma ya.

¿No había nada mejor que reseñar tras el fallo? ¿No podían empezar cascando algo acerca del argumento o la técnica del ganador? Nah, pasando, hay que dejar muy claro y rapidito que esto no es el Minotauro, no sea que la gente se piense que este año le hemos endiñado el Nadal a un autor de narrativa de terror y nos vayamos todos a la quiebra. Que aquí hay nivel oigan, que ya comentamos cuatro cosas acerca de la trama y los personajes tres líneas más adelante del comunicado; al fin y a la postre, eso es algo secundario. Lo primero es despejar cualquier nubarrón que pueda dificultarnos el posicionamiento del producto. Vamos, que un premio Nadal se empieza levantándolo sobre los apestados, así que no: no es una novela de miedo, pónganmelo en negrita todos los redactores del país, y el que diga lo contrario es un miserable.

Minuto dos. China. Me cago en China. En toda ella, maldita sea, empezando por Mongolia, pasando por la provincia de Guangdong y acabando por el Tíbet. ¿Pues no me acaban de prohibir las películas de terror por considerarlas vulgares y subversivas contra el Partido Comunista? Y, para colmo, resulta que la medida incluye la prohibición de rodar cine de género en todo el territorio chino así como la orden de destruir todo el material audiovisual existente.

¿Destruir?

Tianasquare.jpg Van a ponerse a quemar todas las adaptaciones al cine de los libros de Stephen King, vale. Supongo que eso sólo habría que lamentarlo un poquito (y gracias a Kubrick), pero… ¿Destruir todo lo demás? ¿Qué es esto?

Ya puestos a eliminar todo rastro del terror audiovisual, ¿por qué no prohíben también la música de El Fary y montan una tractorada con sus tanques soviéticos para apisonar los CDs de Ramoncín en medio de la plaza de Tiananmen? ¿Qué tal si sobrevuelan con los Mig-21 un concierto de Las Ketchup hasta sepultarlas en gas mostaza?

Va y resulta que ahora el cine de terror es ilegal en la República Popular China. Toma dictadura (¡esto es para que luego me llaméis rojo!). No tienen nada mejor que hacer que ponerse a destruir películas de miedo y misterio a espuertas. Pues nada, oye. Ahí van mis dos minutos de odio contra ellos. Y, puestos a hacer el imbécil y a pagarlo con uno que pasaba, os anuncio desde ya que no pienso volver a atizarme un arroz tres delicias hasta que no deroguen esa ley. A la mierda.

Escuchando:
Corrosion of Conformity – Vote with a Bullet

Youtube Icon