"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

Repartiendo leña

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Literatura, Saraos con fecha 30/05/2008 por Emilio

Como todo el mundo sabe, el mes pasado volvió a las librerías el autor español más leído del mundo. Desde entonces que ha vendido un millón de copias de su última novela. De su última novela de fantasía oscura. Estoy hablando de Carlos Ruíz Zafón, sí, del señor ese que ha escrito “El juego del ángel”, un relato sombrío, tenebroso, sobrenatural y centrado en el entretenimiento que se ha convertido en todo un fenómeno de masas.

Me quedo con algunas de las declaraciones que acaba de hacer en su última entrevista. En concreto, con estas de aquí:

El supuesto mundillo literario es 1% literario y 99% mundillo. Uno entra en él, insisto, porque no tiene más remedio, porque quien tiene remedio, no entra.

Hacer un libro donde se juega con el género fantástico, lo negro y todo eso es quizá la decisión menos comercial que podía tomar. Sé que todo lo que viene de los géneros está mal visto en este país.

El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine.

[La literatura en España] se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose.

No hay nada [en los saraos de la literatura] que pueda interesarme, para mí es exactamente como la asociación de amigos de la zarzuela; no tengo un interés particular, ni para mal ni para bien, en hacer capillitas o tomar cafés… eso es mucho de aquí. Se participa en estas cosas por necesidad, no por gusto, los autores se involucran porque así sobreviven: un trabajito por aquí o por allí; todo lo que se dice en esos ámbitos es por intereses disfrazados de principios.

Pues nada, que yo estaré en uno de esos ámbitos el martes que viene. Visitaré la feria del libro de Onda donde participaré, a eso de las siete y media, en una mesa redonda junto con gente como Vera Parkhutik, Juan Miguel Aguilera, David Mateo y J.E. Álamo. Allí nos veremos y, si eso, discutimos lo que se tercie. O disfrazamos nuestros [cochinos] intereses de principios, qué demonios. Lo que diga el puto amo. Porque yo lo necesito.

Escuchando, cual mediocre gusano abyecto:
Powerman 5000 – Supernova goes pop

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Anda que si Stoker levantara la cabeza…

Clasificado en la/s categoría/s Humor, Literatura, Terror con fecha 26/05/2008 por Emilio

stoker-swan-song.jpgLos Premios Bram Stoker son los galardones por excelencia en el mundo de la narrativa de terror anglosajona, a la derecha os pongo una foto del trofeo, que se las trae.

Pues bien, las casonas estas tan majas las entrega la Horror Writers Association, que viene a ser lo mismo que Nocte, sólo que en España los que estamos en esto somos cuatro arrastrados, por si no se ha notado todavía.

El caso es que los Stoker, simplificando, son los premios que los autores de terror yanquis se suelen entregar entre ellos año tras año, por lo que el resultado es bastante irregular. Hay votaciones y votaciones, lo mismo que hay años y años. Luego tenemos el consabido entramado de relaciones sociales que existe entre los personajes del mundete, que prima lo que prima… Conque la cosa degenera en un concurso de popularidad cada dos por tres y terminas preguntándote si no será que ganar un Premio Stoker es lo mismo que ganar en Eurovisión: cuestión de patinaje.

Vamos, que suele suceder con los Stoker algo muy parecido a lo que pasa con los Ignotus. Sí, los Ignotus, esos premios que no se sabe porqué, pero todavía no han ido a parar a manos de Laura Gallego, José Carlos Somoza y otros de los autores del cotarro local que están teniendo un éxito apabullante mientras la AEFCFT mira hacia otro lado. ¿La gente del rollo está votando por lo mejor del año, por lo que conoce o sólo por lo que firman sus amigos?

Así las cosas, yo ya doy bien poco por los Stoker y al próximo que me pongan por delante le pienso endosar un Chikilicuatre.

En concreto, estos son mis motivos, año tras año, si me pongo a hacer una relación cronológica de cómo ha ido el premio de marras (NOTA: Cito los títulos haciendo referencia a sus traducciones al castellano, y no hago mención de los finalistas que, desde donde yo veo todo esto, han pasado desapercibidos… o tal vez deberían de haberlo hecho).

1987 “Misery” (Plaza & Janés, 1992), de Stephen King. Íbamos bien. Nada que añadir, nada que objetar. No se me acostumbren.

1988 “El Silencio de los corderos” (Ultramar Editores, 1992), de Thomas Harris. ¿Soy yo, que no me cosco, o la adaptación al cine barre el suelo con la novela?
Destaca especialmente Anne Rice entre los finalistas, con “La reina de los condenados” (Timun Mas, 1994), si es que en los ochenta las historias de vampiros todavía no habían empezado a oler a rancio.

1989 “Los vampiros de la mente” (Serie Ediciones B, 1992), de Dan Simmons. Con ese título que le han puesto a la traducción al castellano comprenderéis que no me lo haya leído: parece que sea una película de terror setentera, pulp, y de bajo presupuesto; y lo cierto es que el argumento está a la altura. No sé si vale la pena darle una oportunidad a este libro, sobre todo cuando Martínez Roca acaba de traducir el último trabajo de Simmons y todo el mundo me habla bien de él.
Finalista queda Dean Koontz, con “Medianoche” (Plaza & Janés, 2000), porque a algunos les gusta Koontz, mire usted.

1990 “Mary Terror” (Ediciones B, 2007), de Robert McCammon.
Como veis, este nos lo acaban de traducir al castellano, maldita sea mil veces la industria editorial española, aunque más vale diecisiete años tarde que nunca.
Todavía no sé de nadie que se lo haya leído. ¿Voluntarios?

1991 Stephen King se nos planta, menudo cachondeo, en la final del 91 con dos novelas a la vez. Termina por convertirse en el primer finalista por duplicado de la historia de la literatura. Alucinante. Thomas M. Disch queda finalista también, con “Doctor en Medicina” (Ediciones B, 1992).
El resto del fallo del jurado también suena chungo: gana otra vez McCammon, con “Muerte al Alba” (Ediciones B, 1993); y, tras la cena de gala, todos a casa a ver la tele.

1992 “La sangre del cordero” (Mr. Ediciones, 1993), de Thomas Monteleone. Este lo acaba de reeditar el sello más aguerrido del panorama local, ya sabes, La Factoría de Ideas. El título en cuestión fue elegido libro destacado del año por el New York Times, por lo que la cosa pinta bien… Lo que pasa es que el argumento me parece de lo más disparatado, así que paso. No le he concedido ni una oportunidad. Si alguien piensa que me estoy equivocando en eso, que me lo diga ahora o calle para siempre.

1993 “La Garganta” (Plaza & Janés, 1993), de Peter Straub. Este no lo he leído porque todavía no he podido comprarlo, y eso me jode, porque Straub me gusta desde que cumplí los trece años y leí “Fantasmas” (Ediciones Forum, 1984). “La Garganta” parece estar descatalogado, no obstante, yo sigo buscándolo. Cualquier día de estos me lo pillo, aunque sea en eBay.

1994 “El Mar de la Muerte” (La Factoría de Ideas, 2004), de Nancy Holder.
Holder deja como finalista a Stephen King que aspiraba al título con “Insomnia” (Grijalbo, 1995), aunque algunos dirán que la mejor novela del 94 es “El Alienista” (Ediciones B, 1995), por Caleb Carr, de gran éxito en la lengua de Cervantes. Yo me quedo con Holder, caiga quien caiga, empezando por todos vosotros.

1995 “Zombi” (Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2003), de Joyce Carol Oates. A mí no me gusta la carne podrida, por lo que no he leído este. ¿Alguien sabe si me he perdido algo?

1996 “La Milla Verde” (Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2001), de Stephen King, apea del certamen a Poppy Z. Brite y a Peter Straub. Era lo correcto, creo yo.

1997 “Hijos del crepúsculo” (La Factoría de Ideas, 2005). Una novela de terror construida sobre el holocausto nazi, toma ya, esto es para que luego me acusen de trivializar con la guerra civil. Me lo compré y todavía no lo he abierto. Soy lo peor. A ver si me pongo al día con él.
Finalista queda “My Soul to Keep” (inédito en castellano), de Tananarive Due, a ver si alguien os lo traduce, que mola.

1998 “Un saco de huesos” (Plaza & Janés, 1998), a mi entender, uno de los peores títulos que ha firmado Stephen King. No he leído a ninguno de los finalistas del 98, pero me apuesto un pulmón a que me gustarían mucho más.

1999 “Mr. X” (Planeta, 2001), por Peter Straub. Cuando Planeta reedita un premio Stoker es que hay gato encerrado. Que alguien me explique, por favor, qué es lo que pasa con este libro, que yo por el momento no pienso acercarme a él.
Finalista queda Piccirilli con una novela inédita en castellano que le acabo de pedir a Amazon. Ya os contaré.

2000 El premio se lo dan a Richard Laymon por una de vampiros que, gracias al infierno, parece que sigue inédita en castellano. Y espero que continúe siendo así, porque creo recordar que no pude leérmela ni subiéndomela a un avión transoceánico por segunda vez.
Finalista queda Ramsey Campbell con “Silencio” (La Factoría de Ideas, 2002), que es una de sus novelas más aburridas. Ya podían haber dejado desierto el premio del 2000. Digo.

2001 “American Gods” (Norma Editorial, 2003), de Neil Gaiman. Este tampoco he podido terminarlo, es demasiado lento para mi gusto, y lo cierto es que no lo veo nada terrorífico, la verdad.
Entre los finalistas del 2001 tenemos todo un repertorio de pesos pesados: Ray Bradbury (¡!), Jack Ketchum, Stephen King y Jack Straub. Así que… qué coño, exijo saber qué demonios hace el peor Gaiman de ganador en un año bueno para el género.

2002 “Clase Nocturna” (La Factoría de Ideas, 2004), por Tom Piccirilli. Este libro es, en mi opinión, una mierda pinchada en un palo, y no pienso decir nada más sobre él. Si te interesa Piccirilli, prueba con “Un coro de niños enfermos” (La Factoría de Ideas, 2005), que es el finalista al Stoker del 2003 y todo un bombazo.
Por lo demás, entre los finalistas del 2002 destaca “La hora antes de la oscuridad” (Minotauro, 2004), que estoy seguro de que habría ganado el premio de no ser una ghost story tan predecible y calmada.

2003-2004 ¡Estos dos años son idénticos!
Es el colmo de los colmos: gana dos Stokers seguidos el incombustible Peter Straub con sendas novelas de reemplazo y King queda finalista con dos sucesivas entregas de su Torre Oscura. Circulen, damas y caballeros, aquí no hay nada que ver.
Para más inri, el único finalista con voz propia será Stewart O’Nan, con su “Noche de difuntos” (La Factoría de Ideas, 2008), la novela de terror más amarga que se haya visto jamás, que empieza de puta madre y luego termina hastiando. En fin.

2005 “Allanadores” (La Factoría de Ideas, 2007), por David Morell. Este me gusta personalmente porque soy un pequeño allanador: me enamoré de la infiltración hace dos lustros y todavía hago espeleología urbana de cuando en cuando. Mis buenas multas me acabará costando.
De modo que no voy a decir nada, no sería muy objetivo, supongo.

2006 “La historia de Lisey” (Plaza & Janés, 2007), de Stephen King.
Yo tengo ese libro y creo que eso es de lo mejor que os puedo decir de él, pero no por mucho tiempo: al primero de vosotros que me lo pida, se lo regalo. Estoy hablando en serio. Os lo regalo, se lo envío a portes debidos al primero que me haga llegar una dirección postal válida. ¿Quién lo quiere? ¡Quitádmelo de encima!
Tic tac tic tac…

Escuchando:
Wednesday 13 – God is a lie

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Con M de Milagro

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Literatura con fecha 13/05/2008 por Emilio

Kudos y ovación desde esta humilde casa para la intervención de José María Merino en la Feria del Libro de Valladolid, porque es la primera vez que un académico de La Real Academia de La Lengua Española reivindica la literatura de terror.

Os puede parecer una perogrullada, pero lo cierto es que yo ya empezaba a creer que asertar algo tan contundente como que este género “profundiza y ahonda en aspectos sencillos que son más complejos que la realidad” estaba terminantemente prohibido cuando se es académico de número en la RAE.

Escuchando:
Pig Hut – Creature

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