"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

Viajando mar adentro

Los pescadores más viejos de Galicia también dicen que lo han visto. Han visto infinidad de cosas espantosas en altamar. Saben que las aguas profundas esconden horrores desconocidos, cosas que se agitan, mastican y maldicen en el fondo de las llanuras abisales desde tiempos más antiguos que el hombre.
Los pescadores también han visto al Cruciforme.

Dicen que a veces se les aparece en el horizonte, al anochecer, cuando sus barcos navegan a cientos de millas de la costa más cercana.

Él no nada, él flota, viajando en dirección desconocida, boca arriba, como uno de esos cadáveres hinchados de gases que arrastra la corriente… pero no a la deriva, no. Porque el Cruciforme puede surcar los océanos, atravesar las mareas y desafiar a las tormentas sin desviarse un ápice de su rumbo. Puede posarse en el fondo, en aguas negras, a miles de metros de profundidad, donde ya no llega el sol. Y también puede flotar, flotar inmóvil, pero siempre desplazándose a cientos de nudos por hora, tumbado boca arriba; con los brazos en cruz, las piernas muy juntas y el cuerpo tieso como un tablón.

Esa es su forma de moverse, cuando recorre los océanos. Y por eso le llaman el Cruciforme, los viejos pescadores.

Te lo confirmará cualquier lobo de mar. Los que han navegado mucho han visto al Cruciforme, viajando mar adentro.
Y yo. Yo también.

Escuchando:
Tanzwut – Meer

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