"Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo,
todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan
los trucos de la manga... la magia”.

                              Charles Bukowski

Cinco temas

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Lovecraft, Saraos con fecha 05/11/2007 por Emilio

Ya he vuelto de Sevilla, pese a que Renfe parecía interesada en evitarlo.

Ha sido mi primera HispaCon. Me he traído cinco libros que espero reseñar durante las próximas semanas y cinco cosas en el tintero, que lo prometido es deuterio:

  • Mi ponencia está aquí, en formato PowerPoint. La he comprimido con RAR porque pesa la friolera de 25 megas. Espero que no me agotéis todo el ancho de banda al descargarla, horda cabrona.
  • Siguiendo con la ponencia, hay dos personas que me han propuesto transformarla en un artículo en plan divulgación y publicarlo por ahí… La idea me gusta. Si me dais algo de tiempo igual lo convierto en un paper y…
    Ya lo hablamos. Contactadme y lo iremos mirando.
  • Las fotos que hice, dos docenas de fotos de seis megapíxels cada una (me temo que mi proveedor de alojamiento web me acabará saliendo más caro que invitaros a cerveza en aquella terraza junto al Guadalquivir). Las colgaré por aquí en cuanto consiga el cable que necesito para descargarlas al ordenador. Supongo que lo tendré listo en cuatro o cinco días.
  • El plugin para WordPress este os pone en cada entrada del blog la música que estoy oyendo desde mis PlayLists en YouTube, que me lo ha pedido bastante gente… El caso es que estoy viendo que tengo el código muy poco cuidado y nada documentado, así que, por el momento no lo voy a liberar. En cuanto lo vea presentable ya os lo paso, que tengo que cuidar las formas.
  • Y que gracias a todos y a todas por todo. Que os odio mucho. Y que me voy a dormir, que si me dan las dos delante del teclado me convertiré en calabaza de Halloween. Xao.

Escuchando:
Jerk – I Hate People Like That

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Y ahora Sevilla

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Lovecraft, Presentaciones, Saraos con fecha 19/10/2007 por Emilio

Como dije el otro día, estaré en Sevilla el sábado tres de noviembre, en la HispaCon 2007, en calidad de invitado.

A las trece horas subiré a la tarima junto a la mayor parte de los autores que constan en mi blogroll, en la presentación oficial de la Asociación Española de Escritores de Terror, Nocte; de la que tengo el honor de ser miembro fundador. Media hora más tarde, a la una y media, presento “Noche Cerrada”, arropado por el personal anteriormente mencionado. Mola. Mola mucho.

Por la tarde, a las seis, ofreceré una ponencia de media hora que llevará por título “La influencia del mundo árabe y mediterráneo en la obra de Lovecraft” en la que seguiremos los pasos del álter ego del genio de Providence, Abdul Alhazred, desde Yemen hasta Damasco… y el camino de su libro maldito, desde que nace el Al Azif hasta que el legendario Necronomicón atraviesa Grecia y llega a España.

También tengo previsto firmar ejemplares de mi novela en el stand de alguna de las librerías que asistan al evento, a lo largo de la tarde. Me gustaría poder hacerlo en ésta estupenda librería.

Y por la noche me dejaré caer por la cena de gala, a ver cómo quedan los premios Ignotus de este año. La consabida ronda de copas posterior también va en el lote, qué demonios.

Os espero.

Escuchando:
Garbage – Never be free

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Terror, comparado

Clasificado en la/s categoría/s Literatura, Lovecraft, Terror con fecha 12/06/2007 por Emilio

A menudo me pregunta la gente acerca de la distancia que hay entre lo que se suele considerar narrativa de horror gótico y eso que llamamos literatura de terror contemporáneo. Y yo me siento incapaz de ofrecer una respuesta rápida y fácil… No es sencillo moverse entre etiquetas que no has inventado tú y que, a menudo, se solapan.

Así que hagamos un rudimentario ejercicio de literatura comparada y contrastemos un par de pasajes que a mi parecer ilustran correctamente cuál es la diferencia que hay entre ambos géneros literarios. Algunas veces, es mejor dejar que sean los ejemplos los que definan el concepto, sobre todo cuando te acaban de meter en un berenjenal de agárrate y no te menees.

A ver. En el siguiente párrafo podemos apreciar cuál es el tratamiento que hace de la locura que produce la contemplación de lo imposible un autor de horror gótico:

Por supuesto, se trataba de un sueño [...]. Pero, a la vez, todo fue espantosamente real y nada podrá nunca arrancar de su memoria esas criptas nocturnas, aquellas titánicas arcadas, y aquellas medio entrevistas formas de infierno que zanquean gigantescamente en silencio, asiendo seres medio comidos cuyas porciones aun vivas gritan implorando piedad o ríen enloquecidas. Vaharadas de incienso y corrupción se entremezclaban en nauseabundo concierto, y el aire negro vivía con el nebuloso bulto, visible a medias, de informes seres elementales con ojos. En algún lugar un agua negra y pegajosa golpeteaba muelles de ónice, y en una ocasión el estremecedor son de raucas campanillas repicó para saludar al desnudo y enloquecido ser fosforescente que apareció nadando, saltó a tierra y trepó para acuclillarse acechante sobre un tallado pedestal dorado al fondo.

Avenidas de noche sin límite parecían radiar en cada dirección, hasta que uno podía imaginar que allí yacía la podredumbre de un contagio destinado a ciudades enfermas y ensombrecidas, para sumir naciones enteras en el hedor de híbridas pestilencias. Aquí había entrado el pecado cósmico y, festejado con ritos impíos, había comenzado la estremecedora marcha de la muerte, destinada a pudrir a todos con fungosas anormalidades, demasiado espantosas para ser albergadas por las tumbas. Satán tenía allí su corte babilónica y Lilith se lavaba los leprosos miembros en la sangre de la infancia impoluta. Íncubos y súcubos aullaban preces a Hécate, y descabezados terneros blancos balaban en honor a la Magna Mater. Cabras saltaban al son de flautas malditas, y egipantes corrían tras deformes faunos sobre rocas erosionadas, como sapos inflados. Moloch y Astharoth no faltaban allí; ya que en esta quintaesencia de toda condenación los límites de la conciencia humana se derrumbaban y la imaginación humana yacía ante la visión de cada territorio de horror y cada prohibida dimensión que la maldad es capaz de incubar.

H.P. Lovecraft
“El Horror de Red Hook” (Weird Tales, 1925)

¿Alucinante, eh?

Eso ha sido uno de los mejores momentos de la obra de Lovecraft, en mi opinión. Tras leerlo uno se pregunta si será que las drogas ya no son lo que eran, porque para poder firmar un párrafo de ese calibre hace falta tener un cerebro capaz de volar muy, muy alto.

Veamos ahora cómo ataca el mismo tema una prosista actual, desde la perspectiva del terror moderno:

Paseaba sola por la ribera del río, junto al agua mansa. Era agradable, al principio, mirar el agua. Me calmaba los nervios, como había dicho el doctor. Al principio. Hasta que en la superficie como un espejo del agua vi surgir aquellas manos frías, aquellos brazos desnudos, aquellos hombros sucios de líquenes, aquella piel blanca, los ojos muertos de Micaela, su sonrisa de verdín, sus cabellos como grasientas sogas animadas. Me agarró la falda con sus manos de uñas larguísimas y sucias. Me agarró la falda y dijo: He vuelto. He vuelto, querida cuñada. He vuelto. No puede ser, grité yo. Suéltame. No puede ser. De donde tú has vuelto no se vuelve, dije yo. De donde tú has vuelto no se vuelve. Forcejeé. Era fuerte, antes. Quise echar a correr. O eché a correr. Conseguí soltarme. Le arranqué mi falda de las manos de un tirón. Creí que la arrastraba conmigo, que iba a llevarla de vuelta a casa prendida de mi falda y entonces ya nunca me libraría de ella. Pero no. Regresó al río. Se hundió en el agua mansa. Desapareció. Me encerré en casa. Pensé: Nunca me libraré de ella. Pensé: Se está vengando. Pensé: Esto es sólo el principio. A veces oía llantos de niños por toda la casa. Cada vez eran más. Corría de un lugar a otro, a oscuras. La oscuridad me ahogaba. El coro de llantos retumbaba en mi cabeza. Pasear todas las tardes un rato te sentará bien, me dijo el doctor. Ayudará a calmar tus nervios.

Care Santos
“El Dueño de las Sombras” (Ediciones B, 2006)

Atentos al discurso en primera persona del personaje enloquecido que ha puesto ahí la compatriota, que tiene tela marinera, y no es sólo porque ese párrafo dure un capítulo entero de la novela sin aflojarse en un sólo punto y aparte, no. Es porque eso de ahí arriba se supone que es una novela juvenil, toma ya, irles a los chavales con una pieza de terror de este diámetro. Si no flipas con la forma en que Care Santos se mete dentro de sus personajes es que no estás en esto.

Y no, no me tiembla el pulso a la hora de comparar estas dos piezas, tan diferentes. No creo que sea ningún anatema. Se trata de dos dignos ejemplos que pienso que ilustran estupendamente las posibilidades y el recorrido de dos discursos literarios tan distantes como inspirados, cada uno en su estilo. Salvemos las distancias, que son amplias pero no insalvables.

Y, qué cojones, yo es que soy osado. Me la trae al fresco si los fanáticos de este o aquel autor me llenan el buzón de insultos… Así que si alguien cree que no debo tomar el nombre de Lovecraft en vano, que no me lea.

Escuchando:
Disturbed – Sons of plunder

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Ligotti, ¿el nuevo Lovecraft?

Clasificado en la/s categoría/s Literatura, Lovecraft, Terror con fecha 16/04/2007 por Emilio

LigottiSon muchos los que creen ver en el señor que sale en la foto de hoy, un tal Thomas Ligotti, a una especie de Lovecraft moderno. La comparación me resulta aceptable, dado que ambos norteamericanos se consideran autores de literatura de terror y sus respectivas obras coinciden en el gusto por lo clásico, la fijación por lo onírico, un lenguaje deliberadamente barroco, un cierto impulso poético y una obsesión por la evitación del miedo explícito, del que se reniega en favor del uso de métodos más sutiles.

Esto último ya dijo en su día el maestro de Providence: “Nunca describas un horror si puedes limitarte a dejarlo entrever”. Y parece que el aforismo va creando escuela, porque la industria ha encontrado en Ligotti a otro escritor capaz de destilar miedos terribles sin abordar frontalmente el objeto que los produce. Lo cual, aunque no lo parezca, es una técnica demoledora, porque hace que el terror parezca tan terrorífico como que es mejor ni afrontarlo. De modo que no intentes entenderlo, pronunciarlo, saberlo… La estrategia, finalmente, deriva en un miedo al miedo. Y temer al temor mismo es algo tan intenso y enfermizo como que, para algunos, tiene sus nombres propios: pánico o, si me apuras, fobofobia.

Los parecidos no terminan ahí, no. También tenemos que Ligotti pasa por ser un tipo raro, endiabladamente raro y mentalmente problemático, casi tanto como Lovecraft. Ligotti ha tenido fases agorafóbicas y problemas con substancias estupefacientes, ha sido internado en diversos sanatorios mentales, es un depresivo crónico… en definitiva, el drama habitual en los de mi gremio; salvo que Ligotti, colmo de los colmos, es tan raro que, siendo uno de los autores de narrativa de terror más interesantes del mercado actual, no existe forma alguna de contactar con él: no tiene agente ni editor, y no se sabe ni dónde ni cómo vive. Baste con decir que Poppy Z. Brite, uno de los grandes nombres de la literatura de horror moderno, llegó a tener que escribirle un prólogo para poder dar con él, y ni así. Otro ejemplo alucinante lo cuenta la editorial que acaba de traducir su obra al castellano, que estuvo tratando de dar con Ligotti durante tres años, sin conseguirlo.
Todo esto puede parecer una excentricidad simplona, pero en un panorama literario repleto de gente que va perdiendo el culo por firmar contratos editoriales y conseguir traducciones, un señor con esta actitud tan hostil es más raro de ver que un pulpo en un garaje. Se ha llegado hasta a decir que Ligotti era un pseudónimo bajo el que había estado firmando Stephen King. Vivir para ver.

Yo a Ligotti, freak que soy, lo descubrí comprando sus originales en inglés, así que cuando me dijeron que La Factoría de Ideas iba a traducir a Ligotti a la lengua de Cervantes me eché a temblar. En parte porque el dominio de Ligotti sobre la lengua inglesa me parece apabullante, y en parte porque nuestra editorial en Arganda del Rey, un sello al que los aficionados a la literatura de género debemos mucho, no se distingue precisamente por la calidad de sus traducciones. Total, que alguien me dijo que -aunque han hecho falta tres traductores distintos- finalmente ha visto la luz una edición digna de La Fábrica de pesadillas, la principal antología de relatos de este señor… Y yo, aunque tarde, porque el título ya lleva unos meses a la venta, vengo a dar fe de que el libro merece francamente la pena y estoy seguro de que hará las delicias de los aficionados al horror gótico sobrenatural sobrecargado. Así las cosas, os lo recomiendo.

Oh, y una cosa más… La Fábrica de pesadillas hasta incluye un relato homenaje a H.P. Lovecraft y alguna mención a los Mitos de Cthulhu, lo cual basta y sobra para redondear las similitudes entre estos dos genios. Ahora bien, aviso importante: Ligotti no urde historias, no trabaja las tramas. Él sólo escribe relatos atmosféricos de difícil lectura y en los que, a menudo, no sucede apenas nada, salvo un mal rollo acojonante.

Escuchando:
Richthofen – Blut der Pferde

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