"Espera veneno del agua estancada.”

                              William Blake

Corre, columnista

Clasificado en la/s categoría/s Bitácora, Literatura con fecha 20/09/2014 por Emilio

Hace unos meses me contactó un periódico de los serios para ofrecerme una columna de opinión. Siendo yo un novelista me pareció una propuesta interesante, de modo que acepté. Les mandé este artículo y a las pocas horas de recibirlo me retiraron su oferta, sin pagarme. No dieron explicaciones, sólo excusas. Las explicaciones las sigo buscando.

De modo que voy a publicar el artículo que les mandé en mi blog, a ver si así alguno de vosotros consigue entender qué demonios he hecho mal.

Ahí va.

Siete años de crisis han bastado para convertir explotación en privilegio, y eso te parece una mierda, pero eh, es lo que hay, qué le vas a hacer, bastante tienes con aguantar tu parte del marrón. Peor sería si no tuvieras curro o, ya en plan poético, si no vieras “horizontes vitales a tu alrededor”. Te volverías febril, cerril, compulsivo. Te pasarías el día haciendo running, en vez de corriendo. O irías a un gym low cost, en vez de a un gimnasio baratuzo. Es el furor de la autorrealización a través del deporte, que algo hay que hacer. Y dado que flagelarse es gratis, pues nada, todos a correr, esclavos y mendigos, sea por el monte o por los parques, sea sobre una bici absurda o con un palo en cada mano y pateando senderos rurales durante interminables jornadas. Media España se ha puesto a bote pronto a darle a las piernas, algunos hasta lo hacen quietecitos y encerrados en salas abarrotadas de semejantes, rodando en comunión sobre unas bicis sin ruedas: spinning, lo llaman a eso otro, consiste en correr sobre unos pedales para no ir a ninguna parte, mientras trona la percusión lo mismo que en una galera romana, pero me estoy desviando, vamos al meollo, a que sobre todo aquí y ahora triunfa lo del correr; de modo que corramos como posesos. Tú también, pero tú el primero.

Y oye, que sepas que correr es de cobardes. Un deporte que nunca escogiste, pero como no puedes hacer lo que quieres, quieres lo que haces. Aparte, te llama el efecto manada, te ponen las estampidas, los pelotones, mucho más baratos y sencillos que los bares, y no te piden que mires todo el rato a los ojos a los demás, no te piden que consumas, sino que te consumas tú. Conque te juntas con cuatro como tú y os arrancáis a preparar media maratón, con la vista al frente, desafiando a los elementos y al tráfico de vehículos, entre jadeos. A los cinco minutos de conversación ya estáis todos hablando de lesiones, es matemático, es automático, como los cardiómetros. Como tus marcas. Se suceden igual que mojones, ya sean vitales o de carretera, tú corres y corres y así te vas metiendo en los cuarenta, sin verle salida a lo que pasa ahí afuera. De modo que interiorizas una parte del problema y dejas otra atrás: es culpa tuya si ahora resulta que eres jodidamente pobre, pero no si al frente de todo no hay más que una panda de hijos de puta, si no hay futuro, si se han cargado el país, si ya ves que todo esto de la crisis acabará muy mal. Cada mochuelo a su olivo, y tú sales corriendo, que es lo que se lleva en tu pandilla, la introspección del ojete en sí mismo. Es una experiencia de desarrollo individual, en el fondo. Que tú a lo que vas a es a levantar tu potencia personal, y que se vaya todo al carajo si eso, pero eh, que bien te ves de un tiempo a esta parte. Has perdido las lorzas, tienes mejor aspecto. Lo mismo pronto consigues huir de tu hipoteca, dejar los psicofármacos, dormir mejor, follar más, gastar menos, volver a ser joven cuando ya hace tiempo que no lo eres, cuando el país se va convirtiendo en un asilo para jubiletas sin pensión y con problemas de locomoción, quizás por haberse puesto a hacer maratones suicidas a los taytantos sin saber lo que es pronar.

Ahora dirás que es peor ver la tele, suicidarse o alcoholizarse, que tú no puedes arreglar el mundo, que lo que haces es bueno para todos, que no haces daño a nadie. Igual es porque eso del correr día y noche lo haces precisamente para no tener que hacerle daño a nadie, para no instalarte en el conflicto, en la protesta, en el piquete, al frente de un negocio propio, o de un partido, o en otro país donde no estén las avenidas repletas de corredores sin más destino que volver a la casilla de salida, tras mucho pelear contra el oxígeno y el reloj.

Luego a todos os espera el reposo del guerrero, el sucedáneo de sensación de haber luchado, el agotamiento, el sopor, la barra libre de contenidos vacíos de contenido en Internet, el mañana será otra carrera hacia la nada, hacia la cima de los dígitos. Aquí se han cambiado los de la cuenta corriente por los del record personal, los del balance de la VISA por los del GPS Tracker. El sistema se ha vuelto tan eficiente que ya consigue que te alienes, te anules y te abstraigas por iniciativa propia y sin más despliegue que el de tus propias zancadas, que en el fondo tú lo que eres es un bípedo autotransportado, de modo que vete por ahí a estirar las piernas y suda cosa mala, no molestes, corre por los circuitos cerrados que se han habilitado a tal efecto, sé una buena rata del laberinto, sigue las flechas igual que hacías en el IKEA durante los años del pelotazo, o haz que te pongan una rueda en tu jaula que vaya a juego con la de tu hámster. Corre por las maratones de los pueblos y haz carreras solidarias, coge trenes para ir a sitios donde se corra, recorre otro millón de kilómetros sin encontrar soluciones.

Lo mismo va a ser que corres porque así te ajusticias tú en vez de tener pasarte el día pidiendo justicia. Que tratas de escapar del cóctel molotov y el pasamontañas, que prefieres ser tu propio verdugo, huir del lío. Pasar a la carrera por la que nos está cayendo y que te pongan la línea de meta donde te venga bien. Total, el que corre eres tú, y nadie lo va a hacer por ti.

La revolución no será televisada. Ni llevará unas Asics.
Así que corre, Forrest, corre.

Que no te cojan.

Escuchando:
Aesthetic Perfection – Hit the streets

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